Anemia: Síntomas, Causas y Tratamientos

Es probable que hayas oído hablar en más de una ocasión de la anemia pero no sepas muy bien porqué se desarrolla. En este artículo no solo vamos a explicarte su significado, sino también cuáles son sus síntomas, sus causas más comunes y los tipos de tratamiento.

Esperamos que te sirva de ayuda para conocer más a fondo esta enfermedad. Recuerda que en doncomos no somos médicos. Así que si crees que tú o tus hijos podéis padecerla, lo mejor es que acudáis a vuestro médico de cabecera. Él sabrá ayudaros y ofreceros el mejor tratamiento para vuestro caso.

Este artículo donde trabajamos sobre los Hematocritos Bajos y sus causas y tratamientos también te puede ser de utilidad

¿Qué es la anemia?

La anemia es la disminución de hemoglobina en sangre. Sin embargo a la hora de diagnosticarla hay que tener en cuenta los índices poblacionales. La concentración de hemoglobina en sangre no es igual en unas áreas geográficas que en otras. Esta mayor o menor concentración se asocia directamente a ciertos factores externos. Como por ejemplo:

  • Las condiciones ambientales.
  • El sexo. Suele ser más común entre hombres que entre mujeres.
  • Los hábitos alimentarios. Un déficit de ácido fólico, de hierro o una excesiva malnutrición pueden provocar la aparición de la anemia.
  • El grupo de edad en el que nos encontramos. Suele darse más entre niños que entre adultos.

En el caso de España la falta de hierro es la principal causa que provoca anemia en la población. Suele darse de manera habitual entre mujeres jóvenes y niños durante su etapa de desarrollo.
Anemia: Síntomas, Causas y Tratamientos

¿Cuáles son los principales síntomas de la anemia?

En general los síntomas más destacados de la anemia son sin duda los siguientes:

  • Excesiva palidez. La falta de hemoglobina en sangre provoca que la tez se vea mucho más pálida. Además, la anemia también induce el cierre de los vasos sanguíneos y por tanto la pérdida de color en la piel.
  • Cansancio desproporcionado y sin motivo aparente. Es habitual que las personas que padecen anemia se sientan cansadas continuamente. A pesar de no realizar excesivos esfuerzos físicos o psíquicos que puedan provocar este malestar.
  • Fatiga y sensación de que falta el aire. Las personas con anemia suelen fatigarse a nivel muscular con mucha facilidad. Incluso con los mínimos esfuerzos físicos. Además suelen tener la sensación de que no tienen suficiente aire para respirar.
  • Trastornos cardiocirculatorios. Por norma general es habitual que se padezcan taquicardias y palpitaciones entre las personas con anemia. Suelen ser muy intentas cuando al anemia aparece de forma brusca. En caso de que la anemia se vaya generando paulatinamente y poco a poco lo único que se puede notar es un soplo sistólico funcional.
  • En el caso de las mujeres, alteraciones menstruales. La hipermenorrea suele ser uno de los trastornos más frecuentes en mujeres jóvenes asociados a la anemia. Estas reglas mucho más abundantes de lo normal suelen relacionares con anemias muy suaves. Sin embargo, cuando la anemia es más intensa se produce amenorrea. Es decir, falta de menstruación. Cuando el cuerpo nota un nivel de hemoglobina muy bajo uno de sus métodos de defensa es anular completamente la regla o disminuirla.
  • Trastornos digestivos. Detrás de problemas como las náuseas, la anorexia o el estreñimiento puede encontrarse la anemia.
  • Problemas neurológicos. La anemia puede provocar graves dolores de cabeza e incluso vértigos o llegar al coma si el estado es muy grave.
  • Problemas de tipo muscular. La anemia puede ser la causante de trastornos visuales, de la aparición del insomnio, vértigos o desorientación. También puede afectar a nuestra capacidad de concentración.

¿Cuáles son las causas que pueden producir anemia?

Las causas que provocan la anemia son muchas y muy variadas. Estas pueden dividirse en tres grandes grupos principalmente:

  • Anemia provocada por la pérdida de sangre.
  • Anemia derivada de la irregular producción de glóbulos rojos.
  • Anemia provocada por la velocidad en la que nuestro organismo destruye los glóbulos rojos.

Anemia provocada por la pérdida de sangre.

Sin duda perder sangre es uno de las causas principales de que una persona padezca anemia. No es necesario que la persona esté continuamente perdiendo sangre. Puede aparecer tanto si la pérdida de sangre es continuada como si se corta en poco tiempo.

Entre los problemas más habituales que pueden dar lugar a la pérdida de sangre destacan:

  • La menstruación abundante.
  • El sangrado del aparato digestivo.
  • El sangrado en el aparato urinario.
  • Padecer algún tipo de cáncer.
  • Debido a una intervención quirúrgica.
  • Por culpa de traumatismos.

Anemia derivada de la irregular producción de glóbulos rojos.

Por norma general los motivos por los que el organismo no produce suficientes glóbulos rojos suelen derivar de:

  • Problemas de salud concretos que se desarrollan con el paso de los años. Estos pueden producirse a causa de:
    • Una mala alimentación. Si nuestra alimentación es pobre en hierro, vitamina B12, ácido fólico, riboflavina, cobre o vitamina C, probablemente terminaremos por padecer anemia. La falta de estos elementos impide al organismo crear suficientes glóbulos rojos de manera natural. Además, si padecemos algún tipo de enfermedad que nos impide asimilar adecuadamente ciertos nutrientes, también podemos terminar por desarrollar anemia.
    • Concentración anormal de eritropoyetina. La eritropoyetina es una hormona imprescindible para que el cuerpo pueda generar de manera natural glóbulos rojos. La eritropoyetina sirve para estimular la médula ósea y que esta produzca dichos glóbulos. Una concentración muy baja de esta hormona sin duda terminará por provocar la aparición de la anemia.
    • Ciertas enfermedades crónicas. Hay ciertos tipos de enfermedades crónicas que pueden provocar serias dificultades al organismo para poder producir glóbulos rojos. Entre las enfermedades crónicas más comunes que afectan al desarrollo de los glóbulos rojos se encuentra el cáncer, enfermedades de los riñones e incluso el VIH. Por desgracia ciertos tratamientos para curar estas enfermedades pueden provocar daños irreparables en la médula ósea. Lo cual afectará a la capacidad de la sangre de transportar oxígeno o a la creación de glóbulos rojos. Lo normal es que si la médula ósea no funciona adecuadamente no sea capaz de producir suficientes glóbulos rojos como para sustituir a los que se destruyen.
    • Embarazo. Es común que las mujeres embarazadas padezcan anemia durante el embarazo. Sin embargo esta particularidad puede ser muy peligrosa para el desarrollo del feto. Por este motivo la anemia en el embarazo se controla de manera muy estricta. Sueles recomendarse suplementos de hierro y de ácido fólico a las mujeres embarazadas para evitar que padezcan anemia. Es bastante frecuente que esta se desarrolle durante los primeros seis meses. Esto sucede porque durante este tiempo aumenta la cantidad de plasma de la sangre mucho más rápido. Como consecuencia se puede generar anemia.
  • Factores hereditarios presentes desde nuestro nacimiento.
    • Anemia aplástica. Aunque hay ciertas personas que la desarrollan con el paso de los años, lo normal es que se trate de una enfermedad hereditaria. Esta enfermedad impide a quien la padece producir suficientes glóbulos rojos. Durante los primeros meses de vida y cuando el niño ha crecido un poco, es común que deba de recibir transfusiones de sangre de manera periódica para luchar contra este problema.

En ocasiones, tanto debido a factores hereditarios como adquiridos, se puede desarrollar un aumento de la velocidad de destrucción de los glóbulos rojos. Por ejemplo, si se padecen enfermedades en el bazo o este aumenta de tamaño, puede alterarse la velocidad a la que se destruyen los glóbulos rojos. Piensa que este órgano es el que se encarga de retirar los glóbulos rojos viejos. Si el bazo está dañado no cumplirá adecuadamente su función. Lo cual puede dar lugar a la aparición de anemia.

Entre las enfermedades hereditarias que pueden provocar la destrucción demasiado rápida de los glóbulos rojos se encuentran la anemia de células falciformes, las talasemias o la anemia hemolítica.

¿Qué tratamientos se pueden seguir para combatir la anemia?

La anemia por suerte tiene tratamiento. Sin embargo este variará dependiendo de cuáles sean las causas que han provocado su aparición. Si una enfermedad es la que provoca la aparición de la anemia, también habrá que tratar dicha dolencia.

En cualquier caso, el objetivo de los tratamientos contra la anemia siempre es el mismo: lograr aumentar el nivel de oxígeno en sangre. Esto puede conseguirse:

  • Aumentando la concentración de glóbulos rojos.
  • Aumentando los niveles de hemoglobina.

Por tanto los tratamientos variarán dependiendo del tipo de anemia que se padezca.

  • Si padeces anemia ferropénica, lo normal es que tengas que tomar más hierro por vía oral para controlar los niveles de hemoglobina en sangre.
  • Si tienes anemia megaloblástica tendrás aumentar la ingesta de ácido fólico y de vitamina B12.
  • En caso de que tu anemia esté provocada por pérdida de sangre será necesario realizar una transfusión.
  • Si se trata de una anemia hereditaria se puede llegar a pensar en un trasplante de médula ósea.

¿Cómo se diagnostica la anemia?

Para que la anemia sea diagnosticada es necesario acudir a un experto. Estos médicos se encargan de revisar el expediente del paciente y solicitar diversos tipos de pruebas para averiguar qué tipo de anemia padece. Las pruebas habituales que se llevan a cabo son las siguientes:

  • Estudio clínico. Para ello se confecciona un historial clínico con todas las pruebas que se van realizando. Entre las acciones que se llevan a cabo en esta primera fase se encuentra la exploración física. Esta exploración es imprescindible para saber si hay algún tipo de enfermedad subyacente o si hay alguna hemorragia que no haya sido diagnosticada. Los estudios que se desarrollan siempre están asociados a la edad, el sexo del paciente, su etnia y su forma. Es decir, si se trata de una anemia grave y muy aguda o más bien suave.
  • Pruebas de laboratorio. El hemograma. Una vez iniciado el estudio clínico es necesario realizar diferentes pruebas de laboratorio para averiguar qué es lo que provoca la anemia. El primer paso es llevar a cabo un análisis de sangre para corroborar si de verdad hay un descenso de la hemoglobina concentrada en la sangre. Este análisis se conoce como hemograma. Por medio del hemograma no solo sabremos los niveles de hemoglobina que tiene nuestro organismo, sino también la morfología y tamaño de los hematíes o las alteraciones que pueda haber en las plaquetas o en los glóbulos blancos.
  • Pruebas de laboratorio. El frotis sanguíneo. Por medio de esta prueba los expertos analizan directamente la sangre en el microscopio. Este análisis ayuda a saber de forma más veraz qué está provocando la aparición de la anemia. Además, se pueden realizar otros estudios, como por ejemplo pruebas para conocer los niveles de hierro y ferritina, los niveles de vitamina B12 y ácido fólico, los niveles de reticulocitos, etcétera.

Esperamos que este artículo te haya servido de ayuda para conocer mejor esta enfermedad y su tratamiento. Recuerda que en doncomos no somos médicos, así que si te encuentras mal y sospechas que puedes padecer anemia, lo mejor es que acudas a tu médico de cabecera.

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