Aunque muchos asociemos presión a únicamente ponernos una goma que se aprieta en el cuerpo y que da unos datos a un profesional médico, la presión arterial y su valor tiene una enorme importancia para nuestra salud y la de nuestro organismo. Está relacionada con el número de pulsaciones por minuto que es capaz de realizar nuestro corazón y varía en función de nuestro estado físico y del nivel de calidad de nuestra sangre. Por lo general, cuando realizamos actividades físicas o que conlleven un esfuerzo, el ritmo cardíaco tenderá a aumentar que cuando estamos en un momento de reposo total donde estaremos más relajados.

¿Qué es la presión?

La presión arterial desencadena un proceso en nuestro cuerpo que es realmente necesario para conseguir aportar el oxígeno y los nutrientes, que a la postre, necesitará nuestro organismo para sobrevivir y darle la energía necesaria para poder rendir durante el día a día. Las pulsaciones del corazón permiten ejercer cierta presión en las paredes vasculares, que a su vez también recibe algún tipo de presión por la sangre que circula por nuestro cuerpo a través de los diferentes vasos sanguíneos. Según los estudios realizados por los médicos, a lo largo de cada minuto, el cuerpo humano es capaz de realizar entre 60 y 80 pulsaciones que permiten, mediante un proceso de contracción y expansión, desplazar la sangre hasta las arterias que reciben el oxígeno y los diferentes componentes nutritivos que tanto se requieren durante nuestra jornada diaria. La vida de estos diferentes vasos sanguíneos va evolucionando hasta alcanzar lo que se conoce como vasos sanguíneos capilares, permitiendo mostrar una oposición suficiente si se alcanza la presión necesaria. Precisamente, es en el momento de la contracción cuando la presión que ejerce nuestro órgano vital, también conocido como corazón, es máxima. En cambio, entre pulsación y pulsación, éste se relaja a lo largo del momento de la expansión.

En el momento en que llevamos a cabo una actividad física, la media es que el ritmo de pulsaciones por minuto alcance un valor de 110. ¿Pero, por qué aumenta la presión arterial cuando realizamos deporte? Simplemente, el cuerpo necesita una mayor cantidad de nutrientes y oxígeno y, por tanto, como la demanda es más alta, el corazón necesita bombear a mayor velocidad para poder aportar lo que necesitan los músculos para seguir trabajando a buen ritmo. Nuestro corazón es un músculo y como tal crece a medida que realizamos actividades cardiovasculares. Cuando entrenamos a un ritmo por encima de nuestras posibilidades, el corazón no es capaz de expandirse y contraerse al ritmo que necesita nuestro cuerpo y, por esta razón, podemos sufrir mareos o síntomas de ahogarnos en cualquier momento. A medida que mejoramos, este músculos se refuerza pudiendo aportar una mayor cantidad de pulsaciones y permitiéndonos en estos casos poder rendir a un mayor ritmo. Los denominados paros cardíacos, muy típicos en los deportistas de primer nivel que intentan competir al límite de sus posibilidades, son fruto de un problema de corazón que deja de enviar esta sangre a las arterias.

Relacionado con esta mayor fortaleza que consigue el músculo cardíaco con la realización de cualquier tipo de actividad cardiovascular, los deportistas tienden a ver normalizada su presión al cabo de 20 o 30 minutos después de la realización de dicha actividad. A partir de entonces, antes de volver a valores totalmente normales, la presión suele situarse por debajo de la media debido a este proceso de fortalecimiento que vive el corazón durante unos momentos. Podríamos relacionarlo con las conocidas agujetas que aparecen en las horas posteriores a parar de realizar deporte. Se produce una rotura de las fibras musculares que debe recuperarse y se manifiestan en forma de dolor al mover el músculo trabajado. Los problemas relacionados con la presión son difíciles de detectar a simple vista. Aunque algunos alegan que es posible saberlos midiendo el tamaño de un brazo, es necesario someterse a una prueba de medición arterial con un equipo especializado. Así, se recomienda realizar un análisis de sangre cada seis meses y medirse la presión un mínimo de 4 veces al año. Los límites nunca son buenos y no es bueno ni una presión demasiado baja ni sufrir hipertensión. Por tanto, debemos conocer a nuestro cuerpo y regular la presión a un ritmo adecuado.

Ventajas de bajar la presión

Con todo, bajar la presión si es demasiado alta y ponerla a unos valores normales cuenta con enormes ventajas para aquellas personas que lo llevan a cabo. Las más destacadas son las siguientes:

  • Previene enfermedades. La hipertensión es un problema muy recurrente en la población adulta de muchos países a nivel mundial y motivo de numerosas enfermedades como problemas de riñón o incluso llegar al denominado paro cardíaco.
  • Mejora nuestro nivel de vida. Una presión arterial adecuada, potenciada con la práctica deportiva saludable de forma habitual, nos permite encontrarnos mejor y gozar de una mayor salud lo que se traduce en un nivel de vida más alto.
  • Vivimos más años. Los infartos y una deficiente salud cardíaca son la causa de la mayoría de las muertes prematuras cuando somos adultos y nos estamos acercando a la tercera edad. Por tanto, mantener una buena salud ayudará en la causa de conseguir vivir más años.
  • Podemos practicar deporte regularmente. Una buena salud del corazón es imprescindible si queremos practicar deporte de forma regular. Correr, ir en bicicleta o cualquier tipo de deporte de equipo o individual requiere una buena forma a nivel cardiovascular. Por ello, fumar o beber alcohol regularmente no ayuda a conseguir este tipo de salud.

La mayoría de personas sufren una enorme preocupación por la hipertensión y pocas por tener una presión arterial demasiado baja. Hoy en día, es igual de grave sufrir un tipo de presión arterial baja como alta que pueda desencadenar en una anemia Por lo general, cuando una persona recibe demasiadas pocas pulsaciones por minuto sufren síntomas similares a aquellos que han comido poco. Mareos, falta de fuerzas para la realización de actividades, fatiga sin motivo y diferentes situaciones relacionadas son los diferentes cuadros con los que nos podemos encontrar. Para evitar que la presión baje demasiado es necesario que cuidemos la alimentación diaria que realizamos sin llegar al nivel del empacho. Por ejemplo, el principal error por el que la presión baja demasiado se produce al consumir demasiadas golosinas. Es cierto que el azúcar que ingerimos se transforma en glucosa, que a la postre, acabará aportando energía. El principal problema es que es totalmente momentánea. Al pasar los efectos sufriremos un aumento de la insulina que se traducirá completamente en una bajada de tensión. Por ello, nuestra alimentación debe ser rica en proteínas para asegurar una presión cardíaca totalmente adecuada para nuestro cuerpo y organismo a lo largo del día.

Cómo bajar la presión

Si, en cambio, tienes la presión arterial demasiado alta y tu objetivo es rebajarla, te adjuntamos algunos tips que debes tener en cuenta para conseguir dichos objetivos. La sal esconde numerosos problemas. Una pequeña pizca puede ser suficiente para arruinar tu correcta tensión. Así como el sal yodada puede ser el origen que no actúe la hormona que regula la quema de grasa, también puede producir hipertensión. Bajar el consumo de sal puede ser una de las soluciones para conseguir rebajar la tensión. En casos leves de hipertensión puede ser suficiente con escuchar música relajante. Actividades relajadas estimulan el sueño y el correcto descanso y estudios avalan que también pueden acabar con la presión alta. Basta con media hora diaria para lograr dicho objetivo.

El estrés también tiende a aumentar la presión arterial. Nuestro corazón se acelera y, por tanto, puede producirse hipertensión. En estos casos, la mayoría de las personas optan por realizar actividades de tipo explosivas que solo acentúan dicho problema. En cambio, elegir algún tipo de actividades más relajantes como el yoga o el taichi puede ser mejor para conseguir estos objetivos. Lo mismo ocurre con los hábitos de sueño. Los expertos avisan que aquellas personas que han reducido en una hora su tiempo de descanso les ha subido la tensión. Por tanto, realizar lo contrario puede ser suficiente para recuperar una tensión normal. Algunos de los factores, por otro lado, que elevan nuestro nivel de estrés son tan aparentemente irrelevantes como el ruido. Si vivimos en un contexto rodeado por obras, coches pasando a toda velocidad podemos ver como nuestro nivel de tensión aumenta.

Si buscamos actividades para rebajar la tensión estas están relacionadas totalmente con la calma. Así, tomar el sol, relajarse o practicar deporte con tranquilidad son algunos factores que contribuyen a contar con unos latidos del corazón totalmente sanos. Además, debemos tener una vida social activa. Salir con los amigos, relajarse, irse de viaje y desconectar de la rutina también permitirá adquirir unos hábitos de combinación del trabajo y vida persona totalmente compatibles para un estilo de vida saludable. Esto último es fundamental si queremos un corazón sano.Con todo, regular la presión arterial es capital para contar con una salud equilibrada, evitar algunos tipos de cáncer y prevenir posibles infartos. Para ello, una dieta equilibrada y la realización regular de la actividad deportiva es vital para lograr dichas metas.

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