El herpes zóster es más conocido, al menos en el ámbito coloquial, por los nombres de culebrilla o fuego de San Antonio debido a la trayectoria que traza sobre la piel de los pacientes. Se trata de una infección dermatológica causada por el virus de la varicela y se manifiesta por la aparición de erupciones en forma de ampollas que se disponen sobre la piel siguiendo la dirección de algún nervio inflamado por el virus, adquiriendo cierto diseño serpenteante que le otorga los nombres de carácter popular comentados anteriormente. Esta infección cutánea es bastante extendida entre la población, ya que se supone que en torno a un 20% de las personas la sufren en algún momento de su vida. Aunque la enfermedad puede presentarse en personas de cualquier edad suele ser más común en personas mayores de 60 años. Asimismo si bien el herpes zóster resulta relativamente neutral en los niños, las repercusiones van aumentando al tiempo que lo hace la edad de los pacientes, de forma que en los adultos más ancianos la enfermedad suele ser más severa y complicada viéndose acompañada de grandes dolores y puede implicar serias repercusiones sobre su salud.

Otro de los grandes problemas a la hora de curar el herpes es que no existe una curación absoluta y siempre es posible que tenga lugar un segundo brote del mismo más adelante. El herpes zóster se presenta en pacientes que han sufrido en algún momento de su vida la varicela, esto ocurre así porque el virus es el mismo, de hecho se le denomina virus varicela-zóster. La primera vez en que este se desarrolla, se produce la enfermedad conocida como varicela y una vez que esta se cura el virus no desaparece de nuestro cuerpo, sino que permanece inactivo, en forma latente durante años. Si el virus se reactiva en algún momento es cuando se produce el herpes zóster. Cuando el virus se reactiva lo normal es que aparezca una franja de piel irritada en el torso, tanto en la zona del tórax como en la espalda, sin embargo esto no ocurre siempre así, y el sarpullido puede aparecer en otras partes del cuerpo, como el cuello, los brazos, la cabeza,…

Tal como ocurre con la varicela el herpes zóster es muy contagioso, pero hay que tener en cuenta que, como ya se indicó, el virus es el mismo. Por lo tanto una persona con herpes zóster puede contagiar el virus a una persona que nunca haya pasado la varicela, por lo que en un primer momento el segundo paciente sufrirá un brote de varicela y no de herpes y más tarde, con el paso de los años, es posible que sufra la segunda fase del virus. A día de hoy se desconocen las causas o los factores que reactivan el virus latente en nuestros cuerpos. Algunos especialistas suponen que la activación puede deberse a la debilitación del sistema inmunológico que se produce inevitablemente con la vejez. Esta sería la causa por la que la enfermedad es mucho más grave y presenta mayores complicaciones en los pacientes de mayor edad, frente a los niños y los adolescentes que a penas muestran molestias. Esta teoría se fundamenta en el hecho de que los pacientes más jóvenes que han visto su sistema inmunológico debilitado por otras enfermedades como el cáncer suelen sufrir más este tipo de herpes.

 

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El herpes se manifiesta a modo de infección de la piel, pero en muchos casos presenta también otros síntomas. Los más habituales de ellos son: fiebre, dolor de cabeza, dolor de articulaciones, cansancio y malestar general. En casos muy aislados e inusuales algunos pacientes han sufrido dolor y sufrimiento sin presentar el sarpullido, lo que complica levemente el diagnóstico, si bien son casos bastante raros e infrecuentes. Así mismo los pacientes de mayor edad suelen sufrir dolor continuo y presentar problemas en el sistema nervioso y en la vista (cuando el sarpullido se encuentra cerca del ojo).

El herpes zóster suele desaparecer por sí mismo a lo largo de un mes pero, afortunadamente, contamos con una serie de tratamientos y terapias que nos permiten acabar con él más rápidamente. Aunque conviene recordar que el virus nunca desaparecerá del todo y es posible que reaparezca más adelante en forma de segundo brote, si bien no es lo más común.

¿Que necesitas para curar el herpes zóster?

  • Antivirales
  • Antiinflamatorios, antihistamínicos o analgésicos
  • Jabón hipoalergénico

Instrucciones para curar el herpes zóster

  1. En primer lugar debes asegurarte de que lo que padeces es herpes zóster ya que las dolencias dermatológicas suelen ser difíciles de diagnosticar por los profanos en la materia. Para ello acude a tu médico de cabecera, él mismo debería poder diagnosticar el herpes y de no ser así te enviará a un dermatólogo especialista que seguramente tome una muestra de tu piel para que la analicen en el laboratorio.
  2. La enfermedad suele remitir por sí misma pero hay una serie de tratamientos que nos ayudan a acelerar su desaparición y a aliviar sus síntomas.
  3. Dado que el herpes lo causa un virus es aconsejable tomar algún tipo de antiviral, de forma que el sarpullido mejorará rápidamente. En cualquier caso los antivirales deberán ser recetados por tu médico. Además debes recordar que los antivirales no conseguirán eliminar completamente el virus, unicamente lo devolverán a su fase latente. Los antivirales que suelen ser recetados para combatir el virus varicela-zóster son: aciclovir, famciclovir y valaciclovir. Estos tres medicamentos suelen presentar en forma de pastillas y deben ser administrados por vía oral.result2
  4. Una vez que estás tomando medicación para anular el virus también resulta conveniente aplicarte alguna crema o ungüento para aliviar el dolor y picazón de las ampollas y la piel inflamada. Existen múltiples productos (cremas, aersoles, parches,…) que puedes adquirir sin receta pero, de nuevo, conviene que lo consultes con tu médico o farmacéutico ya que un profesional de la medicina podrá orientarte sobre la mejor opción para curar tus dolencias. También puedes tomar antiinflamatorios, antihistamínicos o analgésicos por vía oral.   Hand-care
  5. El tratamiento se alargará en el tiempo durante varias semanas. Durante todo este tiempo debes asegurarte de que tu piel se mantiene limpia en todo momento. Lávala con agua y jabón suave (a ser posible un jabón neutro e hipoalergénico de glicerina, ya que evitará cualquier complicación causada por alergias a determinados productos cosméticos)
  6. También puedes colocar compresas frías (mojando un paño en agua helada y escurriéndolo bien para que esté húmero pero no suelte demasiada agua) sobre las zonas inflamadas.
  7. En caso de complicaciones o si el herpes no remite acude a tu médico.

Consejos para curar el herpes zóster

  • Informate de cómo tomar otras medicinas y suplementos.
  • Si el herpes se localiza en el rostro muy cerca de los ojos conviene que visites a tu oftalmólogo ya que hay riesgo de afectación ocular.
  • Cuida especialmente tu higiene. Desinfecta con cuidado toda la ropa que entre en contacto con el sarpullido.
  • Si sufres de herpes zóster debes tener cuidado de no entrar en contacto con embarazadas, recién nacidos o personas con el sistema inmune debilitado por alguna enfermedad o tratamiento ya que el virus de la varicela-zóster resulta especialmente peligroso para estos colectivos.
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