Mindfulness: Qué es y para qué sirve

En los tiempos que corren todo es rápido y la mayoría de las cosas las queremos para ayer, por eso mismo vivimos en un mundo lleno de estrés, de caos y planes que se atropellan todo el tiempo. A veces, regalarnos un momento a nosotros mismos es el mejor de los regalos, por esa razón es tan importante cuidarnos y practicar Mindfulness.

 Mindfulness

Como nadie quiere vivir una vida llena de sinsentido y quiere dirigirla a buen puerto, seguir una serie de directrices para que todo vaya mejor es uno de los grandes consejos a tomar y el mindfulness nos ayuda con todo esto, puesto que este modo de vida se basa en la meditación.

 Mindfulness

Esta forma de ver la vida nos acerca, de alguna forma, a una paz interior que nos ayuda a concentrarnos en lo que realmente es importante. Para practicar mindfulness vamos a necesitar seguir una serie de pasos, ya verás, si lo integras, cómo notas un cambio en tu día a día y puedes ponerte como meta mayores objetivos.

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Consejos para Qué es y para qué sirve

Para evitar problemas y malentendidos con el mindfulness, lo primero que vamos a ver es qué es la meditación. Para muchos, la meditación es pura habladuría y una pérdida de tiempo, ya que no todo el mundo está preparado para estar un buen rato sin hacer nada más que meditar y pensar. Para otros, la meditación es algo que no puede faltar en su día a día. Por regla general, la meditación nos ayuda en todos nuestros aspectos: nos hace ser mejores personas, nos ayuda a fijarnos en los objetivos, nos deja descansar mejor, ser más productivos y centrarnos en lo realmente importante. El mindfulness, por decirlo de alguna forma, es la meditación llevada a un paso más allá.

Aunque muchos le dan un matiz relacionado con la religión, el mindfulness no tiene por qué estar atado a una serie de creencias, sino que puede estar unido a ti mismo como persona y como ser viviente. Los seres humanos somos seres pensantes y por eso la meditación es tan importante, porque nos hace únicos y privilegiados.

La meditación se suele centrar en un punto en concreto: puede ser nuestra propia circulación, algún sentimiento, alguna de nuestras pertenencias… Y, a todo esto, ¿cuál es el objetivo final? Pues, básicamente, el objetivo final de la meditación no es otro que el de vivir el presente más que nunca y eliminar todo tipo de pensamiento negativo que nos ronde la cabeza para que, después de todo, podamos enfocarnos en el futuro y en los planes que tengamos marcados.

Y aquí llega el punto en el que entra el juego el mindfulness. Podríamos decir que es una variante de la meditación, no la meditación tal cual. Hay varios tipos de meditación. Algunos se centran en la meditación per se, pero el mindfulness va un poco más allá: la idea es construir una autoaceptación completa y elaborar una conciencia plena y totalmente consciente en cuanto a lo que te rodea.

Por eso, es importante que cuando tengamos decidido empezar a hacer este tipo de meditación estemos creyendo en lo que estamos haciendo, ya que de nada nos servirá si nos lo estamos creyendo a medias. En la creencia está la virtud de la meditación. Si confiamos en lo que estamos haciendo, será efectivo. De lo contrario, de nada nos servirá el haber estado horas y horas meditando. Todo empieza en nosotros mismos.

 

¿Que necesitas para Qué es y para qué sirve?

  • Silencio
  • Concentración
  • Un espacio lo más neutro posible

Instrucciones para Qué es y para qué sirve

  1. Lo primero que tienes que hacer es buscar un sitio libre de ruidos. Totalmente libre de ruidos. Si disponemos en casa de una habitación insonorizada, mejor. No es normal tener algo así en casa, pero podemos poner una manta en la puerta para hacer que el ruido no entre durante nuestra sesión de mindfulness. Otra variante es ir a algún espacio natural: un parque, un lago cercano, un bosque, etc… En esta variante nos encontramos con la complicación de que no podemos controlar nuestro entorno, por eso yo recomiendo hacerlo en casa, aunque el contacto con la naturaleza es siempre bienvenido para realizar una meditación a la perfección.
  2. Desactivar todos nuestros dispositivos. No olvides apagar móviles, tablets, ordenadores, quitar alarmas, desenchufar (si es necesario) televisiones, teléfonos fijos, etc. Lo ideal es que no haya ningún tipo de corriente eléctrica  en la habitación en ese momento. Lo único que se puede llegar a aceptar en lo que a aparatos electrónicos respecta sería algo de música relajante. Si la pones en el móvil, lo ideal es que esté en modo avión para que no haya ningún tipo de interferencia. Recuerda que la música tiene que ser tranquila y con ciclos repetidos, es decir, necesitamos música que no sea cambiante, que todo el tiempo esté sonando de la misma forma, pero relajante, ya que si tenemos una música que capte nuestra atención, lo más probable es que terminemos por perder la concentración.
  3. Vestir con ropa cómoda. Siempre debemos tener la ropa más cómoda posible a la hora de realizar mindfulness. Lo ideal es quitarnos los zapatos y cualquier tipo de accesorio. Tener los pies descalzos es fundamental para poder liberar toda nuestra energía y dejar que nuestros pensamientos fluyan de la mejor forma posible. Hay algunas variantes del mindfulness que recomiendan la meditación al desnudo, aunque no es necesario de forma estricta, pero bien es cierto que si no notamos nada sobre el cuerpo, la mente se siente mucho más liberada.
  4. Respirar de forma adecuada. Para ello, tenemos que sentarnos de forma cómoda en el suelo y en algún otro cojín. Hay algunas alfombrillas de yoga que vienen a la perfección para poder mindfulness, ya que son un poco acolchadas y nos quitan el frío que pueda tener el suelo. Se suele decir que la postura del loto es la más adecuada para el tipo de meditación que aquí nos atañe, pero no tiene por qué ser así. Nos valdrá si estamos sentados de forma cómoda y tenemos la espalda en un ángulo recto, ya que ésto hará que la respiración sea más fácil. Es importante que estemos sujetando el tórax y el cuello en forma recta, es decir, debemos aguantar la espalda, no podemos dejarnos caer, ya que una postura así nos hace la concentración más duradera. El resto de partes del cuerpo (las extremidades superiores e inferiores) puede estar relajado sin problema alguno, pero debemos colocarlos de forma que no nos desestabilicen y podamos mantener la postura sin problema alguno. La tensión no es amiga de la meditación, así que debemos estar relajados, pero en la postura dicha con anterioridad.
  5. Empezar haciendo ejercicios básicos de respiración. El primero de los ejercicios es concentrar la atención en la respiración. Si tenemos música de fondo, en este momento debemos procurar ignorarla al máximo. Debes escuchar nuestra respiración y sentir cómo pasa por todo el cuerpo, pero no pensar en respirar, sino simplemente respirar. No es fácil y para ello necesitaremos mucho tiempo de práctica, pero merece la pena.
  6. Elegir nuestro mantra. Una vez tengamos nuestra respiración bajo control, pasamos a elegir nuestro mantra. Lo ideal es que en cada sesión de mindfulness lo hagamos con un mantra distinto. Un mantra es una frase corta o una palabra sola que nos induzca a la relajación. Lo más común es utilizar el “ohm” como sonido repetitivo, pero hay otras técnicas como decir “tengo conciencia de mí mismo”, “todo está bien” o alguna otra frase que nos ayude. Se puede hacer en voz alta o mentalmente, pero si lo hacemos en voz alta tenemos que decir las palabras de forma calmada y al ritmo de la respiración, sin que interfiera en ningún momento.
  7. Crear un espacio mental. Tras controlar la respiración y elegir nuestro mantra es hora de crear un espacio mental en el que podamos quedarnos todo el tiempo que queramos mientras hacemos nuestros ejercicios de mindfulness. El lugar puede ser imaginario o real, todo depende de nosotros, pero sí que es importante que el lugar nos entregue paz y nos haga relajarnos.
  8. Elaborar la ambientación de nuestro espacio mental. Cuando tengamos el espacio mental creado, vamos a empezar a crear la ambientación. Podemos ir jugando con el viento, por ejemplo. Imaginamos hojas secas de árbol y hacemos que el viento las mueva y las lleve en la dirección que queramos. Añadir globos a la escena siempre es un buen ejercicio, ya que los colores y las formas de los globos dependerán de nuestro estado de ánimo. Tenemos que estar atentos a todo este tipo de cosas sin dejar que nuestra mente vuelve y vaya a cualquier sitio que se imagine. También podemos colocar una hoguera en el centro de nuestro lugar y hacer que el fuego crepite, aumente de intensidad, disminuya, etc.
  9. Poner la mente en blanco. El ejercicio más avanzado de mindfulness y objetivo final es poder ser capaz de dejar la mente en blanco y conseguir que nuestra conciencia se fusione con el universo entero. Este último paso no es tan fácil como los anteriores. A fin de cuentas, puede resultarnos fácil imaginarnos una hoguera o unas hojas al viento, pero dejar de pensar en absolutamente todo nos puede resultar algo tedioso. No te preocupes, el mindfulness no es algo que se pueda controlar en las primeras sesiones, así que no desesperes. Procura practicar a diario hasta que por fin consigues el ansiado objetivo.
  10. Usa la meditación a tu favor. Teniendo en cuenta que ya hemos sido capaz de completar todos los ejercicios anteriormente citados, lo que tenemos que hacer es usar todo a nuestro favor. Con la mente en blanco, tenemos que dejar que todo fluya y que poco a poco vayan apareciendo todos esos pensamientos que rondan nuestro subconsciente. No debemos enfocar nuestra percepción en nada en concreto y no debemos, nunca, juzgar nada de lo que está pasando por nuestra cabeza. Simplemente tenemos que experimentar, sentir y dejar fluir. Tan simple y complicado como eso.
  11. Conseguir nuestros objetivos. Cuando ya controlemos todos los pasos anteriormente citados, es hora de enfocar nuestro ánimo a todo lo que queramos conseguir: una mejora de trabajo, más energía… Recuerda que el mindfulness no es para pedir al cosmos que nos regale cosas, sino para hacer que nosotros seamos capaces de conseguir todos los objetivos que podamos imaginarnos, siempre y cuando sean objetivos reales y seamos capaces, en buenas circunstancias, de realizarlos.
  12. Repetir al día siguiente. Lo ideal es hacerlo todos los días y dedicarnos un tiempo a nosotros mismos. Todos nos merecemos un momento de paz y practicar mindfulness es algo así como un lago de tranquilidad en este mundo de prisas y locura. Por eso, practicarlo a diario es algo que tenemos que tener en nuestras agendas. De no ser posible, hacerlo tres veces, como mínimo, en semana debe ser un objetivo a tener en cuenta.
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